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Inicio Blog Noticias de Campo Una hectárea de ajo en el Valle de Uco perdió $5,4 millones en 2025: el rojo estaba firmado antes de cosechar

Una hectárea de ajo en el Valle de Uco perdió $5,4 millones en 2025: el rojo estaba firmado antes de cosechar

El primer Índice Rural Uco abrió la planilla de una hectárea de ajo en San Carlos: costó $14,3 millones y facturó $8,9 millones. Con impuestos, el rojo llega a $6,1 millones. En 2024, un año de ganancia ajustada, el Estado se llevó el 65% de lo que quedó antes de impuestos.

La Sociedad Rural del Valle de Uco presentó el Índice Rural Uco (IRU), un indicador que mide el resultado económico final del productor primario de la región, antes y después de impuestos. No es un índice de producción ni agronómico: mide cuánto le queda, o cuánto pierde, el productor. Es marca registrada de la entidad y empezó por el ajo; la serie seguirá con vid y orégano. Se calcula con base 2022=100, ajustado por IPC del INDEC, y se actualiza una vez por año.

El productor modelo

El caso es un productor mediano de San Carlos, con una hectárea de ajo morado bajo riego por goteo, en finca arrendada y con insumos a precios de mercado de cada año. No es un promedio: es un productor representativo. El informe aclara además que los ingresos son estimados y que la mayor parte de la venta se concentra en los meses posteriores a la cosecha.

Dónde se fue la plata en 2025

ConceptoPesos por hectárea
Semilla e insumos iniciales3.750.000
Fertilizantes y enmiendas2.184.000
Arrendamiento (US$1.500/ha, pago semestral)1.800.000
Mano de obra directa1.262.400
Labores mecanizadas de terceros1.130.400
Cinta de riego y materiales1.106.400
Cosecha (arrancado y acondicionado)967.200
Agroquímicos710.400
Desgranado, calibrado y clasificación646.800
Energía eléctrica de riego465.231
Administración y gastos generales300.000
Costos totales14.322.831

Los ingresos fueron de $8.901.000. La pérdida antes de impuestos: $5.421.831.

De cada $100 que costó la hectárea, $26 fueron a semilla, el renglón más pesado y el que se paga cuando todavía no hay certeza de precio. Semilla, fertilizante y arrendamiento suman $7.734.000: el 87% de todo lo que la hectárea facturó. Antes de pagar un jornal o un litro de gasoil, el productor ya había comprometido casi todo su ingreso. Y el alquiler, además, está atado al dólar mientras el ingreso se cobra en pesos.

Perdido antes de la cosecha

Si se apartan los costos posteriores a la cosecha (arrancado, desgranado, calibrado y clasificación, $1.614.000 entre los dos), queda que antes de levantar el primer ajo la hectárea ya había gastado $12.708.831. Es 1,4 veces todo lo que iba a facturar.

Para noviembre, cuando empezó la cosecha, el resultado ya estaba definido. Lo que vino después, incluida la cámara frigorífica durante meses, fue gasto adicional sobre un cultivo que no podía cerrar en positivo. El propio informe señala que el costo de frío afectó la ganancia final y generó problemas en la cadena de pagos de muchos productores.

La tijera: cayó el precio, subieron los costos

AñoIngresos por haCostos por haResultado antes de impuestos
20222.769.6312.114.527655.104
202314.055.7129.649.4104.406.302
202413.880.87411.985.6921.945.182
20258.901.00014.322.831−5.421.831

Entre 2024 y 2025, los ingresos por hectárea cayeron 35,9% y los costos subieron 19,5%. Los años 2022 a 2024 dieron resultado positivo, aunque sólo 2023 fue realmente holgado.

El Estado y la ganancia: entre la mitad y dos tercios

El IRU calcula aparte cuánto de la rentabilidad se llevan los tres niveles de gobierno. Para el productor modelo:

AñoGanancia antes de impuestosImpuestos y tasasParte de la ganancia que se llevaron
2022655.104323.39549,4%
20234.406.3021.924.90543,7%
20241.945.1821.269.85765,3%
2025−5.421.831693.710no hay ganancia

En promedio, entre 2022 y 2024, la carga fue del 52,8%. En 2024, de $1.945.182 de ganancia, al productor le quedaron $675.325. Después de impuestos, la rentabilidad fue de apenas 4,87% sobre ingresos.

En 2025 no hubo ganancia que gravar, pero los impuestos se pagaron igual y le sumaron un 12,8% a la pérdida: el rojo pasó a $6.115.541. Ganancias no aportó nada, e Ingresos Brutos tampoco, porque la actividad hortícola primaria está exenta en Mendoza por la Ley 8.706. Lo que se pagó fueron tributos que no dependen del resultado:

  • Cargas patronales: $328.224 (26% sobre la remuneración de la mano de obra).
  • Impuestos dentro de la factura de energía: $139.569. Según el informe, cerca del 30% de la factura de EDEMSA es IVA, fondo unificado y cargos regulatorios.
  • Débitos y créditos bancarios: $106.812 (1,2% sobre el ingreso bruto).
  • Tasa de Seguridad e Higiene de San Carlos: $44.505.
  • Contribución de cuenca (ISCAMEN/DGI): $37.000.
  • Combustibles: $24.600 (41% de impuestos sobre el precio neto del gasoil).
  • Inmobiliario rural (ATM): $13.000.

Qué dice el índice

Con base 2022=100 y precios constantes, el IRU de ajo antes de impuestos fue de 288,1 en 2023, cayó a 39,8 en 2024 y pasó a −78,1 en 2025. Después de impuestos, la medición que mejor refleja lo que le queda al productor, fue 320,4 en 2023, 27,3 en 2024 y −173,9 en 2025. En un año, el productor pasó de ganar más de tres veces lo de 2022 a perder más de una vez y media.

Una aclaración para leer los porcentajes del informe: la rentabilidad antes de impuestos (−37,85%) se calcula sobre costos y la posterior (−68,71%) sobre ingresos. Como las bases son distintas, no sirven para comparar entre sí; en pesos, la comparación es directa.

Por qué se hundió el precio

Según el informe, ese año Brasil levantó parcialmente las medidas antidumping contra China, lo que favoreció el ingreso de ajo chino. A eso se sumaron pérdidas de calidad en poscosecha por las lluvias. Buena parte de la producción argentina se vendió por debajo del costo.

La dependencia es enorme: entre el 75% y el 80% de las exportaciones argentinas de ajo van a Brasil, y Mendoza concentra cerca del 80% del ajo que se cultiva y exporta en el país. El resto se reparte entre Estados Unidos, Taiwán, México y Paraguay, y entre el 20% y el 25% queda en el mercado interno. El sector enfrenta presión y baja de precios por la entrada de ajo chino tanto en Brasil como en la región. Una decisión tomada en Brasilia le cambia el balance a una finca de San Carlos.

Qué viene

El sector ya muestra su reacción para la próxima campaña: achicar superficie y bajar la fertilización, las dos únicas variables que controla el productor cuando el precio lo define Brasil y el alquiler está en dólares. El costo de esa decisión aparece después, en calibre y calidad, y por lo tanto en el precio del año siguiente.

Al IRU todavía le faltan dos columnas que cerrarían el círculo: rendimiento por hectárea y precio por kilo. Con ellas, cada productor podría comparar su planilla con el modelo y saber en qué renglón está parado.

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Fuentes: Índice Rural Uco, informe IRU Ajo, Sociedad Rural del Valle de Uco (sociedadruralvdu.com.ar); nota de Redacción MZAgro, 1 de octubre de 2026.

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