La crisis vitivinícola no da tregua: vestir una botella ya cuesta más que el vino que lleva adentro
Por tercer año consecutivo, la uva se paga por debajo del costo de producción en Mendoza. Sin controles del INV, sin asistencia técnica y sin auxilio financiero, los viñateros llegan a la poda con la caja vacía.
La vitivinicultura mendocina no logra salir del pozo. Van tres años seguidos en los que el precio de la uva y del vino queda por debajo de lo que realmente cuesta producirlos, y el productor es el que pone la diferencia de su bolsillo. Así lo advirtió Matías Manzanares, secretario de la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM), que puso números concretos sobre la mesa: mientras el costo eficiente de la uva criolla ronda entre $200 y $240 el kilo, en la práctica se está pagando entre $140 y $150.

La cuenta no cierra en ningún lado. Y lo más grave es que esa falta de liquidez llega justo cuando el productor necesita plata para la poda y la atadura, dos labores que exigen fuerte inversión en mano de obra y que no admiten demora.
Cuando el envase vale más que el contenido
A la brecha de precios se le suma otra distorsión que golpea directo al bolsillo: las bodegas elaboradoras redujeron drásticamente la devolución de litros de vino a maquila. Antes entregaban 65 litros por quintal; ahora, entre 40 y 50. El resultado de esta cadena de ajustes es una paradoja que refleja como pocas cosas el momento del sector: hoy “vestir” una botella —vidrio, corcho y etiqueta— cuesta más que el vino que va adentro.
Con la caja vacía, los productores ya iniciaron gestiones con intendentes de distintos departamentos para conseguir auxilio financiero de cara a la poda y para empezar a planificar cómo van a afrontar los gastos de fertilizantes y agroquímicos más adelante. A esto se suma otra preocupación: la pérdida de asistencia técnica en finca, producto de la eliminación de los Centros de Desarrollo Vitícola y los retiros voluntarios en el INTA, un organismo que viene sufriendo un vaciamiento sostenido bajo la actual gestión nacional.
La desregulación que dejó a los viñateros a ciegas
Desde la AVM son claros en marcar responsables: buena parte del deterioro tiene que ver con las medidas de desregulación que impulsa el Gobierno Nacional. La eliminación de herramientas de control y previsibilidad que aplicaba el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) —como la supresión del formulario C-05, que informaba el destino a mosto— dejó al sector sin estadísticas oficiales confiables.
Ese vacío de información no es neutral: según la propia entidad, termina favoreciendo la especulación de las grandes bodegas, que estiran los plazos de pago y manejan la incertidumbre a su favor, mientras el pequeño y mediano viñatero no tiene forma de saber cuánto va a cobrar por su cosecha. Otra vez, la desregulación golpea más fuerte a los que menos espalda financiera tienen para bancar la incertidumbre.
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