El FMI mira de reojo el tipo de cambio y el campo mendocino aguanta la apreciación con la exportación en jaque. “¿Cómo verían un dólar a $1.842?”: la pregunta de Georgieva que inquieta al campo cuyano
Kristalina Georgieva dejó dudas sobre la sustentabilidad fiscal del modelo Milei y puso el foco en un dólar planchado que ya le pega al bolsillo de productores y bodegas de Cuyo
La visita de la titular del Fondo Monetario Internacional a la Argentina dejó más preguntas que certezas. Detrás de los elogios protocolares a Javier Milei por el equilibrio fiscal, Kristalina Georgieva se guardó una batería de inquietudes que apuntan directo a un punto sensible para el agro regional: el atraso cambiario.
Un dólar que preocupa hasta al organismo que pidió flotación libre
Según trascendió de sus conversaciones en Buenos Aires, Georgieva consultó a sus interlocutores cómo verían un dólar pegado al techo de la banda de $1.842 y no evitó la comparación con la convertibilidad de los 90, aquel experimento que terminó en tragedia por la apreciación del peso. La ironía es evidente: el propio staff técnico del FMI reconoció en su último informe una apreciación real del tipo de cambio oficial de alrededor del 13% desde fines de 2025.
Para Mendoza y Cuyo, esa foto no es un dato de escritorio. La vitivinicultura, la fruticultura y el resto de las economías regionales exportadoras vienen advirtiendo desde hace meses que un dólar barato les licúa la rentabilidad justo cuando necesitan competitividad para sostener mercados externos. Mientras en Washington debaten bandas cambiarias, en las bodegas de San Rafael, Tunuyán o San Martín se hacen números que cada vez cierran más ajustados.

El agro, la única cara amable de un mercado laboral que se derrumba
El propio análisis que circula entre técnicos del FMI expone una paradoja incómoda para el Gobierno: de todos los sectores dinámicos de la economía, el agropecuario es el único que muestra crecimiento simultáneo de producción y de empleo. Industria, construcción y comercio —que concentran cerca del 45% del empleo total— perdieron producción y puestos de trabajo desde noviembre de 2023. Hasta la energía y la minería, que crecieron con fuerza, destruyeron empleo en el proceso.
El campo cuyano, entonces, sostiene un rol que excede lo productivo: es de los pocos sectores que todavía generan trabajo formal en el interior. Pero esa fortaleza convive con una informalidad laboral que, según cálculos privados, ronda el 40% del PIB nacional y que complica la recaudación necesaria para cumplir las metas fiscales que tanto entusiasman a Georgieva. En junio, de hecho, el Tesoro no llegó a la meta de superávit del primer semestre, con una diferencia de $600.000 millones.
Superávit comercial récord, pero con la duda de siempre: ¿a qué costo?
El consenso de los economistas proyecta un superávit comercial superior a los us23.000millonesparaestean~o,convocescomoladeRicardoArriazuquehablandehastaus27.000 millones. Ese resultado se explica en buena medida por sectores proveedores de divisas —energía, minería y agro— que, salvo el campo, generan relativamente poco empleo.
Es la lectura que motivó el énfasis de Georgieva en pedir un crecimiento “más equilibrado” y con más atención a las pymes. Para el sector agropecuario de Mendoza y Cuyo, integrado en gran parte por pequeños y medianos productores, ese diagnóstico llega tarde: la apreciación cambiaria y la caída del consumo interno ya vienen golpeando a las economías regionales desde hace meses, mientras el discurso oficial insiste en que “esta vez es diferente”.
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