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Aprendió a andar a caballo en la cuarentena y hoy es campeona nacional: la historia de Francina Rossi García

Con apenas 15 años y sin tradición familiar en el mundo ecuestre, la joven de Trenque Lauquen se consagró campeona en Jesús María y terminó entre las mejores en Palermo, siempre junto a su fiel “San Pedro Montaraz”

Hay historias que no siguen el guion esperado. La de Francina Rossi García es una de ellas: a los 15 años, sin apellido ligado a la tradición criolla ni antecedentes familiares en la actividad, se convirtió en una de las jinetes más destacadas del país, capaz de pararse en las pistas más exigentes del calendario ecuestre argentino como si lo hubiera hecho toda la vida.

Todo empezó en pandemia. Encerrada como el resto del mundo, Francina encontró junto a su hermana una forma de escapar al aire libre: subirse a un caballo. No había plan, ni escuela, ni un padre o una madre que hubieran competido antes. Solo curiosidad y ganas de hacer algo distinto en medio del confinamiento. “Yo no tenía idea de nada, y en mi vida me había subido a un caballo. Fue mi mamá la que me acercó a este mundo y arrancamos como un juego”, contó la joven en diálogo con Bichos de Campo.

Lo que empezó como un juego familiar se transformó, con el correr de los meses, en una vocación compartida por toda la familia. Su papá también se sumó a la actividad y hoy compite junto a sus dos hijas en el aparte campero, mientras que su mamá —la misma que la llevó por primera vez a upa de un caballo— encontró su lugar detrás de cámara, documentando cada jornada de campeonato. Para Francina, esa dimensión familiar es tan importante como los resultados deportivos: “Es una salida familiar. Desde lo personal, disfruto mucho de competir porque hago amigos y siempre me vuelvo a casa con nuevos vínculos”.

Los resultados, de todos modos, no son un detalle menor. Este año fue, según sus propias palabras, uno de los mejores de su carrera. En marzo se consagró campeona nacional en la disciplina corral de aparte durante la Fiesta Nacional del Jineteada de Jesús María, uno de los escenarios más convocantes del país para quienes practican la doma y las pruebas criollas. Meses más tarde llegó otro logro no menor: fue una de las 12 jinetes seleccionadas a nivel nacional para competir en la prueba de tipo y aptitud en la pista central de la Sociedad Rural de Palermo, donde terminó en el tercer puesto. No era la primera vez que pisaba ese ruedo: para Francina, ya se trataba de su tercera participación en Palermo, algo poco habitual para una competidora de su edad.

La prueba de tipo y aptitud, vale aclarar, no premia la velocidad ni la destreza en la doma, sino la morfología y el movimiento natural del animal en pista, lo que exige una preparación conjunta entre jinete y caballo que se construye durante años. Y ahí aparece el otro protagonista de esta historia: San Pedro Montaraz, el criollo que le regalaron a Francina cuando recién se iniciaba en la actividad y que la acompañó en cada una de sus presentaciones desde entonces. “Ya nos conocemos mucho”, resume la jinete sobre el vínculo forjado con años de entrenamientos compartidos, al menos tres veces por semana.

Palermo 2026 tuvo, sin embargo, un condimento agridulce: fue la despedida de San Pedro Montaraz de la prueba de tipo y aptitud. “Este año San Pedro Montaraz se retira de la prueba porque ya cumplió un ciclo con esta competencia, así que fue una despedida. Vamos a seguir entrenando y participando de otras, pero en esta creo que ya lo dimos todo”, explicó Francina, con la serenidad de quien sabe que cerrar una etapa también es parte del oficio.

Lejos de bajar los brazos, la joven ya tiene la cabeza puesta en lo que viene: la defensa de su título nacional en corral de aparte y un desafío completamente nuevo, la prueba de “domador joven”, recientemente inaugurada dentro de la raza criolla, en la que deberá domar un potro desde cero. Un salto de nivel que promete exigirle otro tipo de destrezas.

Mientras se baja de su caballo en Palermo y se prepara para volver a Trenque Lauquen, Francina sabe que ahora arranca la etapa menos vistosa pero más determinante: la de entrenar en silencio, perfeccionarse y seguir construyendo, junto a su familia, una historia que empezó como un juego de pandemia y hoy la tiene entre las mejores jinetes del país.


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