La paradoja de El Niño en Mendoza: Entre la bendición del agua, el barro en la finca y la encrucijada económica
La paradoja de El Niño en Mendoza: Entre la bendición del agua, el barro en la finca y la encrucijada económica
En Mendoza, donde el desierto fue doblegado a fuerza de acequias, canales y paciencia huarpe, el agua siempre tuvo carácter de milagro y desvelo. Sin embargo, la geografía suele guardar trampas circulares: cuando la abundancia prometida finalmente llega, lo hace con la violencia del exceso y el desorden. Por su parte, Osvaldo Soriano —aquel cronista empedernido que recorrió la pampa y los pueblos olvidados del interior para narrar la épica solitaria de quienes pelean contra la intemperie y las resoluciones ministeriales— bien habría reconocido en las hileras cuyanas esa misma porfía: la del productor que mira el horizonte con el barro hasta los tobillos, sabiendo que ni el cielo ni los números suelen darle tregua.
El ciclo agrícola 2026/2027 ha puesto en escena en la provincia una contradicción rigurosa: la recuperación hídrica más contundente de la última década convive con una severa emergencia agronómica en el llano y una asfixia financiera que amenaza la supervivencia de los pequeños y medianos establecimientos.
El deshielo en la cumbre: La ilusión de los caudales
Tras quince temporadas ininterrumpidas de escasez hídrica, las intensas nevadas invernales registradas en la alta montaña devolvieron la plenitud a las cabeceras de cuenca. El Pronóstico de Escurrimientos del Departamento General de Irrigación (DGI) confirmó el salto de escala en los afluentes cordilleranos:
- Río Mendoza: Con un pronóstico de 1.780 $hm^3$, derrama más del doble del ciclo precedente y se ubica un 29% por encima de su promedio histórico, recomponiendo las reservas de Potrerillos.
- Río Tunuyán y arroyos del Valle de Uco: Alcanzan los 1.340 $hm^3$ (+11% sobre la media), clasificando bajo régimen hidrológico «húmedo».
- Ríos Diamante y Grande: Registran alzas del 12% y 11% respecto de sus series históricas, mientras que el Atuel y Malargüe retornan a la normalidad estadística.
No obstante, esta bonanza en los diques se transforma en un escollo en las zonas bajas. Las lluvias atípicas de primavera y la seguidilla de tormentas convectivas desnudaron las limitaciones de una red de drenajes colectores que fue diseñada y mantenida bajo la lógica exclusiva de la sequía. Zanjas colmatadas y cauces aluvionales sin desmalezar retienen las aguas de escorrentía, provocando anegamientos superficiales en cuadros productivos deprimidos.
La batalla fitosanitaria: Del retraso de la vid al calvario del ajo
En el terreno cotidiano de la finca, la humedad constante impone una rutina de desgaste. El suelo saturado impide el ingreso de la maquinaria agrícola para realizar curaciones preventivas, y las precipitaciones recurrentes lavan los productos antes de que logren fijar su barrera residual.
En la vitivinicultura, la nubosidad y las bajas temperaturas moderaron el ciclo térmico, demorando la brotación unos diez días y generando condiciones propicias para el ataque temprano de Plasmopara viticola (peronóspora) y la amenaza inminente de Botrytis cinerea (podredumbre de los racimos) hacia el cuaje. Los informes del INTA advierten que el esquema sanitario habitual de tres a cuatro aplicaciones por temporada debió duplicarse a seis o siete intervenciones, elevando exponencialmente el gasto operativo por hectárea.
En la horticultura del Valle de Uco, la coyuntura cobró tintes dramáticos para el ajo. Precipitaciones acumuladas de hasta 170 mm en plena ventana de cosecha paralizaron el arrancado de las variedades primicias. El bulbo —que requiere entre dos y tres días tendido al sol para que sus catáfilas se sequen adecuadamente— permaneció expuesto a la humedad del lodo, sufriendo ataques fúngicos y manchado de piel. Con mermas directas de rinde del 14% al 17%, el ajo manchado pierde hasta dos tercios de su valor de exportación en Brasil, su principal destino comercial. A ello se suma la menor fecundación en semilleros de cebolla y zanahoria por la escasa actividad de polinización de las abejas bajo el cielo cubierto.
Costos indexados y mercados en declive
La presión biológica impacta de lleno sobre un balance económico deteriorado. La tecnificación mediante riego presurizado por goteo, incorporada durante los años secos para maximizar cada gota, afronta el peso de las tarifas eléctricas. La Resolución EPRE 102/2026 aplicó un aumento promedio del 12% a las tarifas de riego agrícola, acumulando más del 19% de ajuste en el período. Para las explotaciones que recurren al bombeo de pozos profundos, el suministro eléctrico ya compromete entre el 20% y el 40% del costo corriente de producción.
| Variable Productiva / Económica | Registro / Comportamiento 2026 | Impacto en la Finca |
| Pauta fitosanitaria en vid | Salto de 3-4 a 6-7 curaciones por campaña. | Duplicación de costos en agroquímicos y jornales. |
| Tarifa eléctrica de riego | Incremento acumulado superior al 19% (Res. EPRE 102). | El costo energético absorbe del 20% al 40% del gasto operativo. |
| Ajo de exportación | Acumulados de 170 mm durante cosecha en Valle de Uco. | Pérdida de hasta el 66% en el precio de exportación por bulbo manchado. |
| Mercado interno del vino | Retroceso del 12,5% en el consumo doméstico anual. | Imposibilidad de trasladar mayores costos al precio final. |
| Despachos externos fraccionados | Caída acumulada del 36% en volumen respecto de 2010. | Facturación en divisas debilitada por baja en precios medios en dólares. |
Trasladar estos sobrecostos a la cadena comercial resulta inviable ante un consumo doméstico de vino que retrocedió 12,5% y exportaciones que no logran recuperar terreno en valor unitario, lo que sostiene al sector vitivinícola en alerta roja dentro del mapa de rentabilidad de las economías regionales.
La retirada aérea y el límite de las compensaciones
Ante la persistencia de los fenómenos severos, la Legislatura mendocina aprobó a fines de octubre la Ley 9740, declarando la emergencia por riesgo hidrometeorológico por 180 días con el propósito de agilizar partidas para obras de desobstrucción en colectores y defensas de márgenes. No obstante, el centro del malestar gremial radica en el desmantelamiento de la lucha activa contra el granizo.
El repliegue del gobierno provincial de las campañas de mitigación aérea mediante siembra de nubes y el posterior fracaso en el traspaso de los aviones a los municipios del sur dejaron a las fincas sin barrera preventiva activa en el cielo. En su lugar, el Fondo Compensador Agrícola 2026/2027 ofrece una cobertura pasiva con indemnizaciones de hasta $2.500.000 por hectárea para vid o frutales ante pérdidas totales del 100%. Entidades como ACOVI han señalado que dicho monto no llega a cubrir los costos efectivos de poda, curación y recuperación de las plantas siniestradas, al tiempo que las primas anuales exigidas —que alcanzan los $300.000 por hectárea en el oasis Sur— actúan como un filtro expulsivo para fincas descapitalizadas.
La vendimia que se avecina sintetiza el temple del campo mendocino. Entre el agua que colma los cauces y el hongo que acecha el racimo, entre la factura de energía y el valor deprimido de la cosecha, el agricultor resiste en su parcela. Es la misma dignidad obstinada que celebraban las ficciones de Soriano: la de aquellos hombres y mujeres que no se rinden ante la intemperie ni ante las estadísticas adversas, defendiendo el surco como quien custodia un destino innegociable.