Albania en llamas queman la corte suprema, el campo europeo en las rutas y el productor argentino en silencio y ¡los huevos solo aparecen para pascuas!
Mientras en Tirana arde la Corte Suprema y los tractores colapsan Barcelona, el campo argentino sigue trabajando a pérdida sin levantar la voz. ¿Qué le falta al productor de Mendoza y Cuyo para hacerse escuchar?

Albania: cuando el hartazgo llega a los tribunales
El sábado 17 de octubre, en el quinto día consecutivo de protestas, las llamas alcanzaron parte de la sede de la Corte Suprema de Albania, en Tirana. Lo que empezó como un movimiento estudiantil terminó convertido en un pedido de renuncia al primer ministro Edi Rama por corrupción, desempleo y el aumento del costo de vida y de la educación. El detonante inicial fue un polémico complejo turístico de lujo en la costa sur, vinculado a Jared Kushner. La semana dejó cientos de detenidos y más de 270 heridos. Rama se negó a renunciar y advirtió que la violencia amenaza el ingreso de Albania a la Unión Europea, previsto para 2030.
No se justifica quemar instituciones. Pero un pueblo que llega a ese extremo está diciendo que ya no cree que nadie lo escuche.
Europa: el campo se planta contra los costos
Albania no es un caso aislado. Cientos de miles de personas salieron a las calles en Francia, Bélgica, Italia, Portugal y Albania por el costo de la vida. Los productores están en primera línea.
En España, miles de agricultores catalanes marcharon con sus tractores hacia Barcelona el 14 de octubre, denunciando la “falta de soluciones” ante una crisis estructural del sector. Unió de Pagesos explicó que en menos de un año el aumento de los costos de producción y la sequía histórica pusieron al sector contra las cuerdas. Ahora el campo español prepara una gran tractorada en Madrid el 28 de octubre, convocada por Asaja, COAG y Unión de Uniones. Exigen un gasóleo profesional agrario con impuestos reducidos y una Ley de la Cadena Alimentaria que se cumpla, para que cobren por sus cosechas un precio que cubra sus costos.

En Italia, agricultores, pescadores y camioneros bloquearon rutas, peajes y puertos de Calabria y Campania contra el encarecimiento del combustible. En el sur de Francia, camioneros y agricultores también se manifestaron por el precio del gasoil.
El reclamo es el mismo en todos lados: producir cuesta más de lo que se cobra.
Argentina: ¿y nosotros?
Acá el productor conoce esa ecuación mejor que nadie. Los insumos, el combustible, la energía del riego, los fletes y los impuestos suben. El precio que se cobra por la uva, la fruta, el ajo o la hortaliza no acompaña. En el Valle de Uco, en el Este y en el Sur mendocino hay familias que trabajan a pérdida y sostienen la finca por amor al oficio, no por rentabilidad.
El agricultor europeo, con todos sus subsidios, sale a la ruta con el tractor. El argentino, que soporta una de las presiones impositivas más altas del mundo, espera. Espera que la dirigencia gestione, que el gobierno entienda, que mejore el precio, que llueva o que alguien se acuerde de él.
Hubo autoconvocados y hubo reclamos, es cierto. Pero la protesta del campo argentino sigue siendo fragmentada, tibia y casi siempre delegada en entidades que muchas veces negocian más de lo que reclaman. Falta lo que sobra en Europa: unidad, constancia y la decisión de no volver a casa hasta que alguien responda.
No se trata de quemar nada ni de romper nada. Se trata de organizarse, hacerse ver y dejar de aceptar como normal trabajar a pérdida. La historia enseña que a quien no reclama no lo escucha nadie.
Fuentes: Canal 26, Tiempo de San Juan, Al Jazeera, Organiser, Ground News, Infobae, Le Grand Continent, Metrópoli Abierta, El Español, Democrata.es.
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