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Mendoza agropecuaria 2023-2026: tres años de pinza letal

Una crisis que no para de profundizarse

Para entender qué le pasó al campo mendocino en los últimos tres años, hay que analizar cada temporada por separado. No es una crisis única sino una acumulación de golpes —climáticos, macroeconómicos, fiscales y de mercado— que fue destruyendo la rentabilidad capa por capa.


AÑO 1 — 2023: El año del golpe climático

El ciclo 2023 comenzó con un desastre natural que pocos recordaban. En Mendoza, la cosecha de uva cayó un 25,5%, lo que significó la cosecha más baja desde 1957. Heladas tardías en octubre y noviembre fueron las responsables principales. Persevines

El número lo dice todo: producir uva en Mendoza y perder un cuarto de lo que normalmente se cosecha no solo es una tragedia económica inmediata, sino que descapitaliza al productor para la siguiente campaña. Sin ingresos, no hay fondos para los fertilizantes del ciclo siguiente, no se puede pagar la deuda con el almacén de agroquímicos, y la finca queda más vulnerable.

La cosecha de 2023 fue la más baja en décadas, resultado directamente relacionado a eventos climáticos excepcionales. El rendimiento productivo, que se ubicaba frecuentemente por encima de los 110 quintales por hectárea hace 15 o 20 años, viene mostrando una merma considerable que puede estar obedeciendo a fenómenos climáticos adversos recurrentes y a una menor inversión en mantenimiento de viñedos. Enolife

Ese último punto es clave y casi nunca se menciona: la menor inversión en mantenimiento no es desidia del productor. Es la consecuencia directa de años de rentabilidad negativa que obligan a recortar lo que se puede recortar. El campo deteriorado es el resultado de haberlo exprimido durante décadas.

Simultáneamente, la macroeconomía ya presionaba con fuerza. En Mendoza, la inflación interanual de marzo de 2023 llegó al 104,9%. uncuyo Eso significa que todos los costos del productor —jornales, combustible, agroquímicos, fletes— casi se duplicaron en un año, mientras el precio de la uva en el mercado estaba determinado por una cosecha escasa que generó cierta mejora puntual en los valores, pero completamente insuficiente para cubrir la suba de gastos.


AÑO 2 — 2024: Cosecha récord que no sirvió de nada

Si 2023 fue el año de la escasez, 2024 fue el año de la abundancia inútil. La cosecha 2024 alcanzó 19,19 millones de quintales de uva, un 31,9% más que en 2023, impulsada por condiciones climáticas favorables. En Mendoza la producción creció un 46% y la elaboración de vinos un 21%. Comercio y Justicia

En cualquier economía normal, una cosecha récord tras un año de escasez es motivo de alegría. En Mendoza fue una trampa. Porque el mercado no absorbió el volumen y los precios se desplomaron.

Este boom productivo chocó contra un mercado interno deprimido y exportaciones estancadas. El consumo per cápita de vino en Argentina se hundió a 16,7 litros en 2023, un 40% por debajo de los niveles de 2008. Comercio y Justicia

Los costos, mientras tanto, no bajaron con la cosecha grande. Todo lo contrario. Los costos de cosecha se incrementaron un 168% para uva tinta común y un 171% para uva varietal respecto del año anterior. El flete se multiplicó más de tres veces, alcanzando una suba del 241% interanual. Enolife

El resultado fue matemáticamente devastador: más producción, precios más bajos, costos tres veces más altos. Una cosecha récord en 2024 no se tradujo en ganancias, sino en stocks acumulados y márgenes negativos. Comercio y Justicia

Y a eso se le sumó una nueva amenaza: las importaciones de vino crecieron un 415% en 2024, principalmente desde Chile, presionando sobre los precios locales. Ámbito El bodeguero mendocino, ya ahogado por sus propios costos, empezó a competir con vino chileno que llegaba barato gracias al atraso cambiario argentino.


AÑO 3 — 2025: La cadena de pagos se rompe

El año 2025 fue el punto de quiebre en que la crisis dejó de ser una estadística y se convirtió en una realidad empresarial visible y dolorosa.

El símbolo más elocuente: la histórica Bodega Norton, fundada hace 130 años en Mendoza, se declaró en concurso preventivo de acreedores. La deuda total a reestructurar asciende a US$30 millones. El Economista Norton no es una pequeña bodega familiar: es una de las marcas más reconocidas del vino argentino, presente en más de 70 mercados internacionales.

Y no fue un caso aislado. Bodegas Bianchi, fundada en 1928 y con casi un siglo de historia en Mendoza, confirmó que atravesaba una coyuntura compleja y trabajó en acuerdos con actores privados para regularizar su cadena de pagos y evitar la instancia judicial. diariosanrafael Dos bodegas icónicas, al borde del colapso, en el mismo año.

Las cifras sectoriales confirmaron el desplome. Entre enero y septiembre de 2025, la comercialización total de vinos en el mercado interno mostró una contracción del 2,5% frente al mismo período de 2024. En el mismo período, las exportaciones del sector acumularon una baja del 6,3%. LA NACION

En ese contexto, la Asociación de Viñateros de Mendoza emitió uno de los comunicados más duros de su historia. Los datos señalaron que la energía y el riego subieron más del 100%, la mano de obra de cosecha un 115%, los fletes un 95% y los impuestos entre un 50% y un 250%. El cálculo de la entidad aseguró que el Estado se queda con el 57,1% del excedente puro de una finca productiva. Diario Mendoza


2026: La herida que todavía sangra

Al momento de escribir este análisis, el panorama no ha mejorado. Los costos internos aumentaron un 74% entre 2023 y 2025 en logística, envases y energía, combinados con una caída del 7% en los precios internacionales del vino a granel en 2023. Centro CEPA

Productores del Valle de Uco —el corazón premium de la vitivinicultura mendocina— entregan uva de excelente calidad sin precio definido ni certeza de cobro. Lmnproduccion.com Es decir, el productor trabaja, cosecha, entrega y no sabe cuánto va a cobrar ni cuándo. Eso no es una economía de mercado: es servidumbre productiva.

Y sobre la fruticultura, el cuadro es igualmente oscuro. Según el Semáforo de Economías Regionales de CONINAGRO, sectores como el vino y mosto, las hortalizas y la fruticultura muestran dificultades para sostener su rentabilidad en un contexto de costos crecientes y precios que no logran acompañar. El informe ubica al complejo vitivinícola directamente en zona crítica. Mendoza Post


El resumen en una tabla

AñoEvento principalCostosPrecio uvaResultado
2023Heladas históricas, cosecha mínima desde 1957+100% interanualSube por escasezProductor sin volumen para vender
2024Cosecha récord +32%, importaciones +415%Flete +241%, cosecha +168%Baja o igual al año anteriorStocks acumulados, márgenes negativos
2025Norton y Bianchi en crisis, consumo interno −2,5%Energía +100%, jornales +115%, impuestos hasta +250%Sin precio definido en Valle de UcoEstado se lleva 57,1% del excedente
2026Presión impositiva en máximo históricoUrea +43%, labores +33%Por debajo del costo de producciónQuiebras en cadena, fincas abandonadas

Conclusión: tres años perdidos que revelan décadas de problema estructural

Lo que los últimos tres años muestran con claridad quirúrgica es que el campo mendocino no tiene margen para absorber ninguna adversidad. Ni climática, ni macroeconómica, ni de mercado. Y eso no es mala suerte: es el resultado de haber sido exprimido al punto de no tener reservas.

Cuando el Estado se lleva entre el 57% y el 62% de la renta en los buenos momentos, el productor no puede acumular capital para los malos momentos. Cuando llueve, se inunda. Cuando no llueve, se seca. Y cuando la cosecha es récord, los precios caen. El pequeño y mediano productor mendocino quedó sin colchón, sin crédito y sin herramientas para capear los ciclos normales de cualquier actividad agraria.

La solución no viene sola. Requiere reducción permanente y definitiva de la carga impositiva sobre economías regionales, tarifas energéticas diferenciales para el riego agrícola, financiamiento de largo plazo a tasas accesibles, y —más importante— que el chacarero mendocino entienda que su enemigo histórico no fue la sequía ni el granizo. Fue el sistema que lo convirtió en la variable de ajuste permanente de la economía argentina.

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