Mendoza, la “Suiza argentina” que se cae a pedazos
Entre calles rotas, puentes que tardan años en reconstruirse y miles de perros abandonados, la provincia que se vende como ordenada muestra otra cara puertas adentro.
Mendoza se jacta de ser prolija, ordenada, casi europea. Es la postal que se repite en folletos, ferias y discursos oficiales. Pero basta caminar unas cuadras fuera del circuito turístico para notar que lo único realmente suizo que tiene es el bombón que ofrece el heladero desde su bicicleta vieja, mientras esquiva pozos entre bolsas de basura y perros sueltos.
La imagen que se exporta es la de un Mercedes-Benz. El motor real es el de un Rastrojero: ruidoso, cansado y siempre a punto de dejarnos a pie.
Calles que rompen autos
En distintos barrios de Las Heras, los vecinos denuncian basura acumulada en calles y acequias, luminarias que no funcionan y calzadas destruidas. Según la prensa local, es un reclamo que lleva años sin respuesta. Cuando alguien filma y publica el problema, a veces, con suerte, llega una cuadrilla a limpiar. Mientras tanto, los vecinos de algunos barrios se organizan para limpiar las acequias por su cuenta, porque la basura trae olores, roedores y riesgos sanitarios.
Los vecinos describen un patrón que se repite: las calles principales lucen renovadas, pero al entrar a los barrios aparece una sucesión de pozos y parches que se gastan con cada pasada. Es el asfalto de vidriera, bien visible desde la avenida y olvidado a dos cuadras.
Tampoco es un problema de un solo departamento. En San Martín, los reclamos por baches, basura, canales y obras inconclusas también se acumulan. Y sí, hay municipios que anuncian planes de bacheo y operativos de limpieza. Pero cuando el vecino tiene que llamar, filmar y volver a reclamar para que se haga lo básico, el problema no es la falta de anuncios: es la falta de resultados sostenidos.
Puentes que esperan seis años
Los puentes de la Ruta 40 sobre los arroyos Los Chañares y Los Pozos, en el tramo entre Mendoza y Tunuyán, colapsaron en 2020 y 2021. Siguen sin reconstruirse. La Dirección de Hidráulica había advertido que la explotación descontrolada de áridos por parte de canteras, sin los permisos correspondientes, generaba problemas de estabilidad en esas estructuras. Es decir: se avisó, y se cayó igual.
En mayo de 2025, con más de cinco y cuatro años de los colapsos, la reconstrucción seguía “en veremos”. Recién en septiembre de 2026 Nación y Mendoza confirmaron avances para reconstruirlos, tras años de demoras y negociaciones por obras paralizadas. Seis años para reponer dos puentes, mientras los conductores circulan por un desvío de una sola mano en una de las rutas más importantes de Cuyo.
No es un dato menor que esas obras dependan de Vialidad Nacional y no de la provincia. Pero el vecino que se queda esperando en la ruta no distingue jurisdicciones: ve un puente caído y una pelea de competencias.
Algo similar pasó con los puentes peatonales de la Circunvalación. En 2023 se relevó que seis de los ocho estaban casi intransitables, con losas rotas y hierros expuestos, y recién ahí se prometió repararlos en 60 días. Hay que reconocer que Vialidad provincial tiene un programa de intervención de puentes y en 2026 hizo trabajos sobre los de la Costanera. Pero lo que se arregla tarde, siempre se arregla con prisa y con costo mayor.
Perros: un problema que nadie financia a escala
Un relevamiento del Conicet contó más de 4.800 perros de vida libre en el Gran Mendoza, con zonas donde se detectaron más de 30 animales en una sola manzana. Esa categoría incluye perros sin dueño, perros comunitarios y perros con dueño que deambulan sin correa.
Para entender cómo llegamos acá hay que mirar la Ley 7603, de 2006. Declaró a Mendoza provincia “no eutanásica”, eliminó las antiguas perreras municipales y adoptó la esterilización quirúrgica como método de control de la población animal. En los papeles, es una ley moderna y humanitaria. El problema es la escala.
Un estimativo de Unidiversidad, basado en las castraciones mensuales de los departamentos del Gran Mendoza, indica que alrededor del 30% de los perros castrados son callejeros. En Las Heras, de 20 esterilizaciones diarias, unas 7 corresponden a perros de la calle. En Guaymallén se hacen unas 250 operaciones por mes. Son esfuerzos reales, pero las propias proteccionistas lo resumen con una cuenta simple: se castran diez perros al día y nacen cien.
Y aunque en el centro de la Ciudad se vean menos animales, las rescatistas advierten que eso no significa que haya menos: el abandono aumentó y los refugios no dan abasto. Grupos como el de la plaza Independencia, que ya dio en adopción a más de 400 perros, sostienen entre 50 y 60 animales con trabajo voluntario y sin poder reducir ese número. Con la crisis económica, cada vez más familias abandonan a sus mascotas porque no pueden alimentarlas.
La política de fondo está bien. Lo que falta son castraciones masivas, campañas de tenencia responsable, controles y presupuesto acorde. Hoy, quien sostiene el problema es el vecino voluntario.
Plata para la vidriera
Para lo que se ve, hay presupuesto. La renovación de calle Sarmiento costó $1.120 millones y se reinauguró con un acto oficial multitudinario. Se anuncian 443 km de obras viales y $326.000 millones de inversión, y el Gobierno aprobó el contrato del Tren de Cercanías por más de $203.800 millones.
Son obras que importan y que, bien ejecutadas, pueden transformar la provincia. Nadie discute que haya que invertir. La discusión es de prioridades y de equilibrio: si cada obra de gran escala convive con una cuadra de tierra y pozos, un cartel de “peligro” descolorido y un refugio que se queda sin alimento, la inversión se parece más a una campaña que a una política.
Salir de la provincia
No hace falta ser un experto. Alcanza con salir de Mendoza y recorrer otras ciudades: calles parejas, esquinas limpias, avenidas sin perros ni puentes cortados durante años. Esa comparación es la más incómoda porque es la más simple, y no necesita un informe técnico.
Desde nuestra vereda, da la impresión de que muchos dirigentes viven en una provincia distinta de la que padecen sus vecinos. Esa es una opinión, no un dato. Pero conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿cuándo fue la última vez que un funcionario dependió de una calle de barrio, de una luminaria o de un servicio municipal para llegar a su casa?
Mirarla de frente
Mendoza tiene todo para ser una potencia: el vino, el agro, el turismo, la cordillera, el Valle de Uco, gente trabajadora y un territorio que enamora a quien lo visita. Lo que le falta no son recursos ni paisaje. Le falta una dirigencia que viva en la misma Mendoza que el resto, que ejecute lo básico antes de inaugurar lo vistoso y que se anime a mirarla de frente.
Hasta entonces, seguiremos siendo una Suiza de postal: linda en la foto, y con el pozo a la vuelta de la esquina.