Una vez más, la política económica argentina parece aplicar la lógica de “viento a favor” para unos y “ancla de plomo” para otros. A través del Decreto 59/2026, el presidente Javier Milei decidió beneficiar al sector petrolero reduciendo prácticamente a cero los derechos de exportación para el crudo de yacimientos convencionales, siempre que el precio Brent se mantenga debajo de los 65 USD.
Esta medida no solo beneficia a las grandes corporaciones energéticas, sino que deja en evidencia una doble vara alarmante: el Estado reconoce que no todos los yacimientos son iguales, pero se niega a admitir que no todos los campos lo son.
El argumento oficial para favorecer a las petroleras es que los yacimientos convencionales sufren de “agotamiento natural” e “incremento de costos operativos”. Bajo esa premisa, el Gobierno otorgó un tratamiento diferenciado. Sin embargo, en el sector agrícola, esa lógica brilla por su ausencia:
Mientras nuestros vecinos del Mercosur operan sin derechos de exportación y fortalecen sus reservas, Argentina insiste en utilizar al campo como una “caja” inagotable. La discriminación es clara: se entiende la complejidad del subsuelo para el petróleo, pero se ignora la geografía y el clima para el productor agropecuario.
Esta falta de una agenda estratégica para el agro no es solo una injusticia sectorial; es la razón principal de la restricción cambiaria que frena al país. Tratar a lo desigual como igual es, en definitiva, otra forma de castigar al que produce.
En un contexto de desafíos impositivos y logísticos, elegir la plataforma correcta para tus negocios hace la diferencia. No dejes que las distancias te frenen.
Publicá tus productos, maquinaria o servicios en MercadoCampo.com.ar y conectá de forma directa con compradores de todo el país.